martes, 4 de mayo de 2010

Misoginia y homofobia, armas protectoras de la masculinidad

Entrevista con Yesenia Peña, investigadora del Instituto Nacional de Antropología e Historia
Leonardo Bastida Aguilar
México DF, mayo 03 de 2010.
Las altas cifras de feminicidios o crímenes de odio por homofobia son una realidad poco visibilizada en medios de comunicación, círculos de estudio y sociedad en general. Con motivo de la Jornada Mundial de Lucha contra la Homofobia a celebrarse el próximo 17 de mayo y en vísperas de la IX Semana Cultural de la Diversidad Sexual del Instituto Nacional de Antropología e Historia, Yesenia Peña Sánchez, antropóloga sexual y coordinadora del evento, habló con NotieSe sobre la importancia de tomar en cuenta categorías como género u odio para poder analizar y dar una respuesta a este fenómeno.

1.- Desde la perspectiva antropológica ¿Cómo surgen el odio hacia el otro sexo o a diferentes orientaciones sexuales?

El ser humano vive en colectividad lo que implica que ha de aprender normas y pautas de comportamiento que sean comunes a todos para poder desarrollarse y convivir, a esto se le conoce como socialización, además implica aprender formas de representar y concebir la vida en diferentes ámbitos: personal, familiar, social, sexual, moral, entre otros. En suma, se aprende y se asume como propia la forma colectiva de organizar y establecer un orden, el cual formará el bagaje de referencia de su vida y comportamiento.

Este proceso además abarca las nociones sobre el cuerpo, el sexo, la sexualidad, el erotismo, la reproducción, la vinculación afectiva y el género que son aprendidos y reconceptualizados a lo largo de la vida conforme a la experiencia personal, la formación familiar y educativa, la información adquirida por grupos de amistades y medios de comunicación, la cultura popular, la ideología religiosa, la moral profesada, la posición social que ocupa, entre otros.

Sin embargo; como en el ámbito social existen pautas, ideales, estereotipos físicos y comportamentales que son privilegiados y tomados como “verdaderos y por lo tanto válidos”, entonces todos aquellos miembros de la sociedad que los sigan serán los que tengan todas las posibilidades de acceder a bienes, servicios y derechos adjudicados por el hecho de estar “integrado socialmente” y seguir las pautas consideradas ya no sólo como óptimas sino como normales, positivas, naturales lo que coloca por oposición a todas las demás expresiones como anormales, negativas y antinaturales.

Pero no sólo eso sino que cada miembro de la sociedad al autoconsiderarse como parte de la sociedad y entender que es su deber seguir las pautas establecidas se constituye como reproductor de la ideología establecida quien además puede juzgar y considerar cuando una acción está “mal” o “fuera del orden” constituyéndose como un “observador de las normas”, lo que lo puede conducir a tomar actitudes de sospecha, exclusión y marginación hasta realizar acciones de “persecución, castigo y asesinato” a quien no cumpla la normatividad.

En ese sentido podemos mencionar que existe una sexo-lógica institucionalizada que genera un sistema sexo-genérico, donde se naturaliza la relación sexo igual a género (hombre igual a masculino y mujer a femenina), basado en un conjunto de discursos hegemónicos que consideran como verdad natural y divina la complementariedad biológica entre el hombre y la mujer, quienes no sólo son iguales sino que además son opuestos, lo cual se corrobora a través de una serie de rasgos que potencializan o vulneran sus roles sociales e identidades colectivas, mismos que tendrán que integrar y asumir en su vida personal y cotidiana como una esfera naturalizada de su “deber ser social”.

Ahí en ese espacio de socialización reforzado se integra la semilla del machismo y el hembrismo, como discurso fundamentalista de la tradición de dicho sistema basada en paradigmas científicos del sexo (conglomerado de las ciencias biomédicas) e ideologías (judeo-cristianas-católicas), lo que genera una base sexista que conlleva a la misoginia y a la homofobia. Fenómenos que continúan profundamente arraigados entre los mexicanos, pese a la creciente información y toma de conciencia social.

Por ello, es difícil dar equidad a los géneros, limitar el control y poder de un género sobre otro, de hombres sobre otros hombres que trascienden hacia algún rol o estadio femenino y ejercer acciones contra la discriminación y violencia exacerbada de los odios que conllevan al asesinato como el caso de los feminicidios y los crímenes de odio por homofobia. Ya que estas pautas de comportamiento siguen vigentes en los patrones de socialización, pues la actitud individual y colectiva ante las diferencias, la capacidad de discriminar y la generación del odio se inicia en cómo nos significamos y construimos como hombres y como mujeres, y como esto se lleva a nuestras esferas identitarias particulares.

Dentro de esta visión todo aquel comportamiento que salga de esta norma se considera “amoral”, “antinatural” y por lo tanto “antisocial”, así pues puede ser mal vista una mujer que es madre soltera y considerarla como “indecente” por el hecho de no estar casada siendo que tiene hijos fuera del matrimonio en consecuencia se asume que todo los problemas que tenga para criar a su hijo será porque no cumplió con las normas, asimismo si su “hijo o hija” sale “malo” o “desubicado” se deberá a que no tuvo un hogar “normal”, “funcional” o “integrado” lo que se constituye como una cadena de eventos a consecuencia de su primer “mal comportamiento” o “mala decisión”; lo mismo sucede con los homosexuales y lesbianas a quienes se considera que tienen un comportamiento “fuera de lo normal” por no seguir la norma heterosexual en la afectividad, erotismo, vestimenta y reproducción.

Así pues la reacción de la sociedad e individuos ante estos otros “no invitados” o “nuevos actores sociales” puede variar desde la indiferencia, la tolerancia, el respeto, el rechazo, la violencia, el odio o el exterminio donde puede ser un acto meramente individual o estar respaldado por la opinión pública o incluso por el aparato médico-legal y religioso.

2.- ¿Por qué se cometen hacia grupos que ya son vulnerables de por sí?

Los actos de agresión, violencia, marginación y discriminación hacia amplios sectores de la población que de manera secuencial y atemporal han sido puestos en situación de vulnerabilidad como mujeres, niños, grupos étnicos, personas con discapacidad, los grupos no heterosexuales, migrantes, personas de la tercera edad y personas en situación de reclusorio entre otros, se cometen bajo varias circunstancias, una de ellas es que se asume que “puede hacerse”, se ha normalizado la creencia de que puede cometerse un acto de este tipo sin que necesariamente haya repercusiones porque colectivamente existe la noción de que están en “desventaja” a lo que se aúna otra serie de factores como: que no existe una cultura de respeto y denuncia y si se denuncia el personal del aparato burocrático no es sensible ante las diversas realidades y pone muchas trabas, además de que los aparatos legales en múltiples ocasiones fallan en la aplicación de la justicia por cuestiones sexistas y actitudes homofóbicas y en otras, muchas veces no se cuenta con un marco legal que genere punición a actos de este tipo.

La población mexicana que se encuentra o ha estado en situación de vulnerabilidad porque no cumplen con la norma positiva funcional del cuerpo y aspecto físico, por tener maneras de pensar distintas a la oficial o por retomar opciones de vida alternativas al paquete de beneficios sociales que otorga el sistema a quienes siguen las direcciones del comportamiento social establecidas, conformarán una suerte de minorías sociales y grupos marginales, que todo mundo se pelea por ellos para tener la posibilidad de establecer programas económicos y políticos, con lo que se les devuelve un estatus visiblemente politizado, lo que genera que al “igual pero diferente” se le construya políticamente como vulnerable per sé y por lo tanto como victimizable, acto seguido los propios grupos lo toman como bandera política para exigir sus derechos e integración ya que es la única vía que deja el Estado.

Tal vez si se hiciera evidente este juego, los grupos en situación de vulnerabilidad nuevamente se integrarían por una lucha común, como en el pasado, independientemente de la condición y necesidades particulares (indiscutiblemente de gran importancia) y pugnarían por la dignificación humana, sin negar sus derechos y obligaciones, cuya lucha se enmarca en la búsqueda de justicia social para todos y todas.

3.- A nivel social ¿se ha “naturalizado” la violencia de tal manera que se tolera cuando es aplicada a grupos como las mujeres o la diversidad sexual?

Nuestra sociedad actual se encuentra invadida de imágenes, mensajes, estereotipos que promueven la agresión y la violencia como “factor clave” y hasta necesario para alcanzar “las condiciones de vida” consideradas como “ideales”, lo cual facilita que se fomente la discriminación y normalice dichas conductas.

En ese sentido, es cosa corriente escuchar, enterarse, presenciar actos de violencia y acometer acciones de agresión y discriminación hacia otros, ya que a menudo olvidamos que existe una gran diversidad biológica, psicológica y sociocultural que hace que todos seamos iguales pero diferentes y que muy pocos alcancen los ideales impuestos en la máxima de bienestar, que están regidos por un sentido masculino de acción, exigencia, fuerza y agresividad, que muchas veces lleva al repudio de lo femenino y por lo tanto del hombre que quebranta o traiciona lo masculino con actos de abierta feminidad y a la masculinización o empoderamiento de lo femenino.

Convirtiéndose así la masculinidad en una base de aprobación que otorga sentido al sistema que ha desarrollado un control que impide la pérdida del poder, generando como su mejor arma protectora: “la misoginia y homofobia”. Acciones que, desafortunadamente, restauran el poder y nuevamente reproducen las pautas de socialización tradicionales donde está inserto el germen del machismo y el hembrismo y por ende una política sexual heterocéntrica.

Definitivamente, tanto la mujer empoderada (que ya no acepta el trato tradicional y ya no puede ser controlada a gusto del hombre) como las personas con identidades sexuales disidentes o alternativas son un desafío constante al sistema tradicional actual, por lo que se considera que si ya no se puede reeducar o curar ahora se considera, como en otros tiempos de la historia humana, que hay que eliminarlos.

Esto nos lleva a pensar que tanto los feminicidios como los crímenes de odio por homofobia no son un suceso que no hay que politizar sino que son un problema social y real que no sólo hay que limitar sino resolver. Esto no es un problema personal, que por conductas y actitudes el individuo se lo buscó, sino que es una práctica social que se legitima como forma de saneamiento para mantener la hegemonía del sistema, lo cual es imposible de justificar como natural, ya que es un ejercicio no solo sexista sino de exterminio.

Además de que entran en juego varias situaciones como el hecho de que el sistema económico actual ha obligado a las personas a entrar en una rutina en la que cada quien tiene que ver la manera de subsistir y generar estrategias de supervivencia, lo cual rompe en la mayoría de las ocasiones la posibilidad de adquirir una conciencia social y comunitaria de intervención, para muchos esto lo llaman “perder el tiempo”. La indiferencia ante la violencia, la economía, la política, las luchas sociales y el acontecer mundial no es más que un síntoma de la forma en que estamos concibiendo la vida resultado en parte de las formas de administración y gestión del cuerpo y sujeto sexuado en tiempos posmodernos.

4.- ¿Qué opinas de que se les considere como crímenes pasionales por el hecho de que en muchos probablemente fue el “amor” el que condujo a las personas a cometer estos crímenes?

Considero que esto sucede por varias circunstancias: primero que en el ámbito nacional no se tienen indicadores claros que permitan caracterizar como tal el delito de feminicidio, sin embargo se han logrado establecer que existen dos tipos: intradoméstico y extradoméstico, este último se diferencia de la violencia de pareja e intrafamiliar debido al sadismo y utilitarismo que se hace de las mujeres.

En el caso de los crímenes de odio por homofobia tampoco se han construido indicadores que permitan diferenciar los crímenes pasionales de los crímenes por odio, por lo que tampoco se ha tipificado como delito, sin embargo podríamos tomar de base la referencia de los feminicidios y comenzar por categorizar el tipo de violencia en pareja e intradoméstica y la extradoméstica, lo cual permitiría establecer algunas variables donde se desborda la demostración de control, sometimiento y poder que hacen de la persona homosexual, lesbiana, transexual y transgénero.

Reconocer como delito tanto al feminicidio como a los crímenes de odio por homofobia implicaría institucionalizar formas de criminalidad que no se han querido reconocer abiertamente en esta sociedad. Al mismo tiempo abrir y dar seguimiento a toda la red e industria que le da sustento, esto involucraría la corrupción de las propias instituciones de justicia y salud entre otras, la impunidad y compra y venta de privilegios y el análisis de los fanatismos con verdades irrevocables o dogmáticas sobre el cuerpo, el género y los erotismos que se respaldan en ideologías religiosas que en ocasiones persiguen y violentan de manera clandestina a mujeres y hombres.

Finalmente, implicaría poner en evidencia que el sistema sexo-genérico y la política sexual son sexistas y machistas, lo que conduce a prácticas misóginas y homofóbicas, donde la virilidad como elemento base de la masculinidad y control ha naturalizado el ejercicio de poder del hombre hacia otros hombres, las mujeres y todo individuo que tenga rasgos vulnerables.

5.-Algunos académicos indican que ya sólo son las cuestiones de sexo u orientación sexual las que abiertamente se pueden discriminar sin recibir una condena social ¿esto arraiga la costumbre de cometer este tipo de actos?

Actualmente los procesos discriminatorios abarcan más sectores poblacionales, si nos pusiéramos a considerar las personas que están en riesgo de ser vulnerabilizadas (mujeres, niños, grupos étnicos, personas con discapacidad, personas de edad avanzada, los grupos lésbico, gays, bisexuales, travestis, transexuales, transgénero e intersexuales, migrantes) podríamos percatarnos que abarcan un porcentaje muy significativo de la población, lo cual es una situación alarmante. Además se suma el hecho de que en términos jurídicos, no de derechos humanos, hay ausencia de leyes que marquen punición a la discriminación a estos sectores.

Indudablemente hay muchas costumbres arraigadas que generan agresión y violencia en la cultura del mexicano, pero de ninguna manera el feminicidio y los crímenes de odio por homofobia son actos comunes ejercidos sin sentido, sino que tienen una implicación más compleja que rompe la hipótesis de lo pasional. Por supuesto que existe la condena social hacia un acto discriminatorio de este tipo, como lo han manifestado las madres de las muertas de Juárez y la solidaridad de muchos hombres al respecto, así como la organización y demanda de los grupos no heterosexuales ante el esclarecimiento de los crímenes de odio, quienes han contado con el apoyo de otros sectores de la población.

Sin embargo, es necesario que se le dé continuidad, más allá de la opinión pública, y haya acciones colectivas que promuevan la punición de este tipo de actos y la concientización en el imaginario cotidiano de las personas sobre la discriminación y violencia para que ellas la visualicen y rompan las cadenas de normalización y se solidaricen. Amén de la necesidad de sensibilizar a los funcionarios para que con seriedad vean este problema y no lo tomen con una visión sesgada y postura personal.

6.- ¿Qué tipo de factores influyen para que una persona lleve a su máxima expresión su fobia hacia el otro cometiendo un asesinato?

De entrada el ambiente social construye y genera una atmósfera preestablecida con una política sexual heterocéntrica con base machista-hembrista donde indiscutiblemente se aprenderán los mecanismos de hostilidad a lo “diferente”, lo que salga de su realidad, en ocasiones sin tener el más mínimo argumento de porqué es así y no de otra forma, sino que simplemente se vive, se acepta y se reproduce.

En ese sentido, aparecen imaginarios de que el indígena es flojo, el pobre es pobre porque quiere, la mujer es débil y emocional, el homosexual es anormal y la persona con discapacidad cognitiva es subnormal. Cadena interminable de rasgos que colocan en posiciones de desventaja a muchos individuos, sin embargo, la mayoría de las veces estas ideas se van transformando en la medida que nos vamos socializando, conociendo y experimentado diferentes espacios sociales, en otros casos no sucede así y estas disparidades, miedos, terrores irracionales y experiencias negativas o positivas preparan los escenarios personales y colectivos para generar prácticas como el feminicidio y los crímenes de odio por homofobia como recursos de autocontrol y control social, ya que quien o quienes cometen un asesinato de este tipo no sólo es por un acto de fobia o miedo, sino que también implica un acto de odio, rechazo y poder, donde se somete al otro (sea mujer u hombre de cualquier condición) a la voluntad de quien(es) comete el asesinato, es un acto de demostración de que se tiene el control y que se puede ejercer hasta sus máximas consecuencias lo que también implica sadismo y tortura en el hecho.

7.- ¿Qué papel deben tener las instancias académicas ante estos hechos?

Es necesario que el ámbito académico se abra y permita el acercamiento y diálogo con los actores y las organizaciones civiles involucradas, para realizar investigaciones que contribuyan y aporten datos que permitan analizar actos de homofobia, lesbofobia, transfobia y feminicidios con el fin de ofrecer elementos, argumentos y escenarios que den sustento a la comprensión de los hechos que las personas y las organizaciones civiles denuncian, pero también permitan en conjunto generar propuestas de acción política y jurídica.

Para ello es necesario que, en primera instancia, se fije una postura al respecto de estos hechos contribuyendo con las organizaciones civiles y la población en general, en exigir la promulgación de leyes, el ejercicio de la justicia y la punición de estos actos, exigiendo el respeto a la dignidad humana, porque finalmente hemos de reconocer que el conocimiento que generamos los académicos pierde sentido si no contribuye para la solución de problemas sociales y en la construcción de una sociedad sustentable en todas las esferas de la vida.

1 comentario:

  1. excelente artículo, lo encuentro difeerente a lo que he leído la última semana que están apareciendo reportajes por todos lados. gracias.

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